La llamada.
Ella no sabía que el amor y el deseo duelen, y ese dolor brota de lo hondo. El vientre arde desde su interior, se transforma en fuego, los músculos se contraen sin control enloquecidos por sus dedos que agitados buscan provocarlo, el torrente se desata, el sexo se lubrica con rapidez, mientras la imaginación va dibujando la cara del deseo. Ese amor que le fue esquivo, esa aventura sin futuro, hoy la atormenta creando sensaciones e ideas que no debían de despertar, lo que había empezado como un juego, hoy terminaba quemando desde adentro, las orejas ardían, los ojos se irritaban, los pezones se disparaban frenéticos entre la dureza y el deseo, sus propios dedos le pellizcaban y giraban provocando agitadas sensaciones en su estomago.
Me gusta entrar en sus noches, soplar sobre su rostro y sentir como despierta su piel, no es difícil seguir con el libro, las letras se iban escribiendo solas noche tras noche, gemido tras gemido, orgasmo tras orgasmo; Las dos copas permanecían quietas en su mesa de noche, el sentirse acompañada, le hacía seguir el rito cada noche a la espera del sonido del teléfono.
En el auricular de mi teléfono, ella gemía a lo lejos como si mis dedos la estuvieran tocando; Sus gemidos se apagaban a la distancia, su cuerpo temblaba a cada susurrante palabra y podía decidir cual era el momento preciso en que ella debía explotar. Así, y aunque ella sabía, volvía a abrir el libro para leer noche a noche un nuevo capitulo del ajado libro con un futuro incierto y un orgasmo colgando de las cortinas de la oscura ventana.
Don Juan de Marco.

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Cuando el deseo es grande y la complicidad absoluta no hay distancia que haya para que el cuerpo sienta y exprese ese fuego que arde en sus entrañas.
ResponderEliminarGustab, la convocatoria no es mía, la organiza Neogeminis.
Gracias por participar.
Abrazo.