Roces a Ayanay
"Creí que me sentirías apenas tocara tu piel... Me acerqué sin hacer ruido y destape tu cuerpo corriendo las sábanas que te cobijaban. Al verte desnuda y observar tu sexo, note que tus labios permanecían pegados. Estaban arrugados por la calidez de la noche, no corría sangre por ellos, parecían muertos.
Entonces mis dedos formaron, cual artesano, la forma de tus senos. Apenas rozando sobre tu piel, tome tus piernas para abrirlas y acaricie con mi lengua esos labios y tu piel, gemiste adormilada y repetiste
-...buenos días amor ... -
Y los suspiros fueron llenando el silencio de la habitación entre humos y penumbras, hasta que por fin se abrieron, cual cálida flor por el sol acariciada.
La humedad brotó dentro separando la piel, y la fragancia de la noche en tu cuerpo se convirtió almizcle, suspirabas, mientras mi labios satisfacían todos tus deseos, mientras mis manos acariciaban tus senos despertando los pezones, disparándolos como casquillos, y de flor marchita, te convertiste en luz. El color enrojeció tu piel y tus caderas serpentearon entre las sabanas, haciendo que tu cuerpo se convirtiera en agua sagrada.
Que dulce provocación creas en mi cuando abres tus piernas, y jugueteando con tus dedos, me muestras la humedad que escapa de tu interior. Que exquisita sensación, cuando posas tu sexo sobre mis labios y juntando las piernas las aprietas contra mi. Que tibieza más intensa, que sabor provocador, que esencia. Gula de mi boca, ven, déjame hartarme de ti, solo una vez más, y entre humos y penumbras, volverme a hundir en ti".
Don Juan De Marco, golosinas de Ayanay...
Una historia erótica muy acorde a la ambientación sugerida, narrada con la dedicación de quien paladea cada palabra. Muchas gracias por sumarte. Un abrazo
ResponderEliminarMis infiernos, mis demonios... todos divagan por ahí buscando sus hogueras.
ResponderEliminarGustab.
Maravilloso relato Don Juan, casi como si lo hubiera vivido. Extraño ese cuarto.
ResponderEliminarVuelve a entrar, ya sabes donde encontrarme... o no?
ResponderEliminarEsos amaneceres requieren muchos condicionantes, que el tiempo y las circunstancias pone en si sitio. Aunque no niego sea la mejor manera de empezar el dial Un abrazo
ResponderEliminarGustab, el arte de amar, provoca el entreabrir de los labios.
ResponderEliminarMe gusta lo que has escrito y como lo has descrito.
Uno de los mejores despertares, eres un artista.
ResponderEliminar"De flor marchita te convertiste en luz". Bonitos toques de poesía en este relato erótico. Muy delicado.
ResponderEliminarSaludos :)
Masters y Johnson decían, "Donde empieza el asco, termina el amor"
ResponderEliminarUna repetición de momentos que se suceden espontáneos, en ese punto impreciso de penumbra y amanecer, cuando todo es calmo y el deseo vive/muere estallado de aromas.
ResponderEliminarBello, como siempre, Rodrigo
Un relato que entre humos y penumbras se va deslizando en las letras de ese espacio erótico que dibujas sin cortapisas.
ResponderEliminarSaludos.
El humo y la penumbra son un ambiente propicio para escena erótica, ese culto a Afrodita.
ResponderEliminarY él fue como un escultor con ella.
Saludos.
Por las imágenes la amada me ha parecido una de esas flores que se cierran por la noche y ... menudo despertar. Y el amante ¿no sueña, no duerme? Saludos
ResponderEliminarElla sólo provoca con ser y estar, yo he sido atrapado a ella por los demonios que me invocan, cayendo en el infinito abismo del deseo...
EliminarDon Juan
Las divagaciones de tus infiernos y demonios están brindando con mis musas...y las muy frescas se están bebiendo hasta el agua del florero .. que mal se portan!!
ResponderEliminarSiii de eso se trata, portemonos mal si eso nos lleva donde queremos. besos.
EliminarSalud!!!!!
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